Esta noche asistí a un "compline." No sabía lo que significó. De hecho, no sabía qué me atendía cuando entré en una iglesia oscura, cuyo interior iluminado solamente por las velas pequeñas en el suelo. Nos sentamos en la primera fila de sillas (no había bancos). Poco a poco entraron otras sombras, al menos suponía que así porque no vi a nadie, solamente oí pisadas y, de vez en cuando, susurros. Mientras tanto la campana seguía sonando, llamando que la gente que quería asistir a este "compline" entrara antes de que las puertas cerraran. En cuanto la campana dejó de sonar, había silencio absoluto, y alrededor de mí era oscuridad pinchada solamente por las velas. Cada vela estuvo en su propio receptáculo, y eran de los colores rojos, amarillos, y azules. Y cada fuego pequeño se movía diferentemente que los demás, dando la impresión que cada vela tenía su propia identidad.
Durante un minuto bajo de ese manto pesado de silencio, me puse a pensar en el frío del silencio, el frío del desierto de acontecimientos, el frío de nada. Y por este frío las luces dentro de mí empezaron a encenderse. De repente me encontré rodeado de un fuego de mis pensamientos como si quisieran rellenar el vacío ausente de ruidos y sonidos en los que me he puesto. No podía controlar cómo y cuales pensamientos quería salir de un mente que hasta entonces no había tenido oportunidades de relajarse ni reflexionar sobre las cosas y percepciones que me habían ocurrido antes. Los pensamientos eran como los prisioneros de un cárcel atestado quienes de repente descubrieron abiertas las puertas y todo decidieron escaparse al mismo tiempo. Había lo de un amigo que me dijo algo, o notar que las hojas se han vuelto más rojas, o lo que me dijo el jefe que no me gustó, y muchas otras cosas. Me pregunto si es lo que le pasa a la gente que medita; ¿encuentra su silencio adentro o, al menos al principio, tiene que dejar que su mente se vacíe de tantas cosas, tantos pensamientos?
Mientras que los infinitos prisioneros intentaron escaparse, el coro, que se escondía detrás un muro, se puso a cantar y pronto su música religiosa se volvió al trasfondo de esta fuga espectacular de mis prisioneros frustrados. Las canciones me ayudaron relajarme un poco; tuvieron un efecto tranquilizando. Al final de los treinta minutos no me sentía liberado o algo grande así, pero por algunas razones, cuando el silencio breve regresó al final del último canto, me sentí más optimista, un poco más alegre. Hasta ahora no sé por qué. Me dijeron que la gente viene a este "compline" para prepararse para la semana que empezaría (por eso es en la noche de domingo). No sé si funcionaría para mí, pero me alegría tener esta experiencia. Hacer algo nuevo que abre algo para mí siempre me alegra mucho.
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