martes, 22 de septiembre de 2009

Hablando y Descubriendo

Otro día estaba hablando con esta amiga mía sobre nuestra experiencia en New Haven. Ella nació en una ciudad no mucho lejos de New Haven, donde vivimos los dos ahora. Estábamos hablando en español para que ella pudiera practicarlo. No contaba yo nada de la discusión, pero al final, qué raro, me di cuenta de que tenía miedo de la ciudad donde estoy viviendo, donde he estado viviendo por siete años. No sabía por qué a ese momento. Nada sucedía en este momento, solamente que hablábamos en español.

Supongo que ha sido mucho tiempo que me he sentido un poco mal, un poco deprimido, estar aquí, en esta ciudad, en esta vida. Mi mejor amiga luego me intentó dar confianza que no es tan mal vivir en New Haven. Ella, que se ha ido, ahora echa de menos a esta ciudad que solía ser su casa, su primera casa de américa. Tener miedo del lugar donde vivo, es un tema que si mismo es raro, incluso un poco temeroso. ¿Deberíamos querer el lugar donde vivimos? Es nuestra casa.

Desde aquel momento cuando supe que tenía miedo, que estuve consciente de este sentimiento, me puse a entender el miedo. No estoy seguro, o sea, no tengo la confianza que lo que ha pasado en mi vida de New Haven ha tenido algún significado en mi vida. No se si han sido siete años de hacer nada, sin realizaciones. Sé que no es verdad, pero el sentimiento de fracaso me ha seguido como una sombra. Me persigue. Y tengo miedo que me perseguirá otros siete años. Desde que mi hermana se fue para universidad, el punto que marcó el fin de mi razón original de llegar y quedar aquí en New Haven, lo que fue hace cuatro años, no he tenido algún objetivos en mi vida. Cuatro años; es como la vida universitaria aquí en este país. Mientras los estudiantes estudian y aprenden de la vida para algunos objetivos, yo nunca en estos cuatro años me he dado un meta. Y por primera vez me pregunté, "¿Qué has realizado en tu vida en estos años?" Y no pude responder. ¿He aprendido mucho de la vida? ¿Del amor? ¿De las relaciones? ¿Hay algo más que lo abstracto? ¿Lo de las mujeres? ¿Lo de sentimientos? Un poco de tecnología. Un poco de idiomas, fotografía. He visitado más países. Pero ¿no habría yo hecho todo estos además de un meta? Otro día me di cuenta finalmente que la universidad me habría pagado por un masters o al menos clases. ¿Habría podido obtener algo con un título? Aunque siempre digo que un título como masters o PhD no es útil y compadezco a los grad students, un título, sobretodo lo de educación, me suena algún atractivo. No sé por qué.

Sé que lo que pienso no es muy racional. Mi miedo no es muy racional. Pero es difícil ver la vida de cuatro o siete años y no buscar un señal claro de realización. Y ahora esta sombra me sigue persiguiendo y me preguntando "¿Qué vas a realizar? ¿Qué vas a hacer que luego podrás decir que has realizado?"

domingo, 16 de agosto de 2009

Buscando un "Tag Sale"

Hoy es domingo, y aunque mi deseo era encontrar un así-llamado "Tag Sale" en mi ciudad, supongo que es un día cuando todo descansan. Pero no lo sabía cuando preparaba mi expedición en mi barrio.

Andaba en mi bici buscando estos Tag Sales. Un "Tag Sale" es una venta de las cosas de segunda mano, y se suelen encontrar delante de las casas de la gente que tiene cosas que ya no quiere o que está a punto de mudarse y entonces no puede o quiere llevar muchas cosas consigo. Quería encontrar algunas cosas que normalmente no quiero pagar precio de una tienda pero aceptaría si son de segunda mano. Mi amiga me dijo ayer que encontró muchas cosas muy buenas en un Tag Sale en su calle.

Además hoy es un muy buen día. Hay sol y no hace mucho calor. Y ya que no tengo mucho que hacer, decidí hacer esta aventura pequeña. Hay una brisa fresca en la ciudad que todavía estaba despaciosamente despidiéndose. No había mucha gente, y las personas que vi se parecían que se acababan de levantar de sus camas. Pero eran ya las once.

Fui a mi antiguo barrio donde vivía durante la primera parte de mi vida en esta ciudad, es donde viven los estudiantes y otros eruditos que todavía no son profesores. Se llama "Grad Ghetto", "Grad" para "Graduate Students". Es un barrio bastante diferente que el resto de la ciudad. Este barrio es un refugio para sus habitantes que resisten la vida real de la ciudad. Muchos de ellos son extranjeros, la mayoría europeos que echan de menos sus vidas en las ciudades europeas, y por eso se encuentran las tiendas de comidas europeas, las calles tranquilas (sin ruidos de regatón o gritos de locos). La gente que andan las calles es casi todo blanca, algunos son asiaticas, y casi todos los negro son africanos. En contrario, el resto de la ciudad comprende Afro-Americanos y un poco menos los latinos, la mayoría de los son puertorriqueños y mexicanos. Son trabajantes, no son eruditos, y muchos no tienen ni trabajo ni papel. Tienen familias y se ocupan de vivir o sobrevivir en esta pequeña ciudad. Pero para la mayoría de los residentes de este "Grad Ghetto", su barrio es como máximo una casa temporal. Ellos paran aquí en su camino muy largo cuyo destino todavía está muy lejos de aquí. Para unos es una parada muy interesante, y se aprovechan al máximo de lo que ofrece esta ciudad, este país. Para algunos otros es una ciudad terrible y trabajan lo más rápidamente posible para escapar lo más pronto. Y hay también un muy pequeña minoría que por varias razones deciden quedar aquí indefinidamente. Yo no soy erudito; no estoy aquí para estudiar o obtener experiencia. Por qué fui aquí, por qué estoy todavía aquí, las respuestas son largas y ambiguas.

Mientras andaba en las aceras de este barrio buscaba los anuncios para "Tag Sales." Pero todos los que encontré eran para ayer, y había muchos anuncios para lo al que mi amigo asistió ayer. Al final de mi pequeña aventura me di cuenta de que los domingos no han "Tag Sales." Al menos no en esta ciudad, o al menos no en este barrio. Sin embargo, obtuve otras cosas por las que no pagué nada. Eran memorias de mis años aquí. Reconocí los edificios que tenían historias en mi vida, quizás casas de antiguos amigos, donde llevaba a mi hermanita para alguna razón mientras le cuidaba durante esos años. O un rincón donde me quedé con una amiga para discutir, para divertirnos, para otros motivos. Quizás no son memorias que obtuve, porque memorias están siempre en nosotros, sino son perspectivos que las memorias engendraron, construyeron.

Cuando llegué en mi casa, en el barrio actual, me siento un poco diferente, y me sigo pensando de mi vida.

jueves, 12 de febrero de 2009

Juntos

Estoy sentado en esta sala bastante grande. Me siento una corriente fría pero no sé si es de fuera o de las aberturas por encima de nosotros. Estoy sentado en una silla bastante dura, no apena cómoda. La música es alta y los estudiantes tratan bailar, formando un círculo alrededor de la pareja de profesores. Parece que enseñan la musicalidad de tango. Muy pronto la música parará para que ellos les expliquen más a los estudiantes que están nerviosos pero parecen divertirse. Sí, todavía estoy sentado aquí, riendo, contando chistes, burlándome de ella y dejar que se burle de mí. Pero estoy consciente de mi propia nervosidad, ansiedad. Tengo miedo constantemente que se aburriría, que sospeche de mi intenciones, que descubra mis sentimientos. Estoy contenta estar con ella, sentado aquí en esta sala un poco fría con la música que va a parar pronto.

Ella no tiene un oler especial. Sus ojos no causan que mi corazón se vuelve loco. Sus sonrisas son normales. Su voz no hace piel de gallina en mí. No quiero tocarla. Si se levanta y me deja, no lloraría, no sufriría yo. Pero no quiero levantarme. Estamos riendo, estamos escuchando una canción sobre un hombre que quiere a una mujer y le promete una casita en las Pampas donde hay rosales y zorzales y una cruz que marca su amor de ellos.

Me está contando sobre donde se halle un restaurante puertorriqueño, describiendo su dirección. La música para de repente aunque todavía no es su final. El profesor quiere clarificar algo. Una vez que la música desaparezca, me siento que nuestro ritmo también desaparece. Ella se calla también, ¿quizás entiende también nuestra conección?

Pero una nueva canción empiece ahora que el profesor haya explicado el problema que tienen los principiantes. Miro en sus ojos morenos como su piel y le pregunto, "¿Te gustaría bailar?"

Conciente. Y con una sonrisa.

Nos levantamos juntos; dejamos nuestros asientos que hasta ahora nos han atamos separadamente. Levanto la mano izquierda, la que ella toma con su derecha. Me acerco de ella y la abrazo; ella pone su otra brazo alrededor mi hombro y su mano toca mi espalda. Su nariz se acerca a mi mejilla derecha, y puedo sentirme su respiración calma, oírla. Ya puedo la huelo; un oler distinto, un oler que la identifica, incluso si cambie su champú o pone perfume. Y como su oler, su cuerpo es también su identificación. Mi brazo derecho toca su espalda completamente, y cada pedazo de mi músculo puede sentirse cada detalle de esta parte de su cuerpo. Ahora somos como dos estatuas, casi como esa obra de Auguste Rodin, pero no estamos besando. Por este medio segundo somos fijados como en una foto, y podría pintarla sabiendo cada detalle de su espalda, de su nariz, de su oler.

Estamos callados, pero la música, un vals, habla para nosotros, nos dirige. El primer paso; mi pierna izquierda avanza mientras la torno su cuerpo con el mío, moviendo también su pierna izquierda, y mientras cada músculo de la pierna, cada movimiento de la cadera, de hombro, cuello, puedo notar cada minúsculo movimiento de su cuerpo, desde los pies hasta la nariz. Y ella ha cerrado los ojos para notar también cada mis movimientos, para notar mis intenciones, para entender a donde quiero que vayamos. Y así empecemos nuestro baile. No hay que enamorarse porque el corazón no tiene que latir todo solo.

jueves, 5 de febrero de 2009

La parada

Estoy en el rincón con un niño desconocido. Le pido su nombre en español, y sin mirarme me contesta "George." Sonrío y le digo, "¡Yo también! Mucho gusto conocerte, George. Pero tu nombre no es Jorge o sea?" Niega el niño con la cabeza. "¿Estás esperando el autobús también?" pregunto. Es una pregunta estúpida, claro; ¿qué más haría uno en una parada de autobús? Todavía sin mirarme asiente con la cabeza. Hace mucho calor y es también muy nublado, y el calor me hace querer que llueva pronto. Las nubes me tentan con la posibilidad de lluvia pero es una semana aquí desde la última lluvia. El pueblo es muy seco, y cada vez un camión nos pase, tira mucho polvo en las calles, dejando una nube terrena. Pero hoy no hay camiones. Como no hay nadie aquí. No vi a nadie. Hace una hora que estamos aquí, y todavía el autobús no ha llegado. Es el único que sale del pueblo hoy. Tengo que llegar en la capital para encontrar a mis amigos, pero ahora aquel momento de llegada y reír con ellos y diversión parece solamente un sueño. En este momento la realidad es que estoy en un pueblo cuyo nombre apenas puedo pronunciar, suena algo indígena. No veo a nadie salvo a este niño que todavía no se interesa mirarme; quizás soy yo quien soy el fantasma y no la gente del pueblo a quienes no veo hoy. "¿Es domingo, hoy?" pregunto al niño. "No," dice, apenas audible. "Pues ¿dónde está la gente?" pregunto. Se encoge de hombros y dibuja en el suelo al azar. Llegó en la parada hace diez minutos, cuando estaba yo estuve perdiendo paciencia sin saber cuando llegaría el autobús y sin nadie a quien podría preguntar. En estos diez minutos no miró a la distancia para encontrar señales del autobús, como yo he hecho cada dos minutos. Siempre está de pie. Su piel morena, tiene una gorra de béisbol, una camisa blanca como nueva, y pantalón corto. Trae sandalias que, como las pies, son cubiertas de polvo. "¿Qué estás dibujando en el suelo?" pregunto. "Nada" es su repuesta.

Después de otros diez minutos me siento hambriento. Empiezo a comer unos de mis bizcochos y le ofrezco uno al niño. Lo mira por un segundo y lo acepta, diciendo "Gracias" sin mirarme todavía. "¿Dónde vives?" pregunto. "Dos manzanas de aca," dice. "¿Y tus padres? ¿Qué hacen?" pregunto, empezando otro bizcocho. "Campesinos," dice. Quizás la gente está trabajando hoy, pero ¿por qué están cerradas las tiendas? "¿A dónde vas con el autobús?" pregunto. Después de acabar su bizcocho y aceptar otro de mí, dice, "No sé, donde me lleve."

"Pues ¿no sabes a donde te llevará?" pregunto con curiosidad. "No, cada semana es un lugar diferente." Dejo de masticar y le pregunto, "¿No vives aquí? No entiendo." Él no muestra ningún cambio de emoción, y contesta, "Vivo aquí por una semana, pero después de día de mercado tengo que irme a un nuevo pueblo."

El silencio de día caliente y el pueblo vacío me hace ya un poco más nervioso. "¿Y tus padres? ¿No vendrán contigo?" pregunto. "No, son muertos. Hace muchos años," responde, acabando su último bizcocho.

"Pero mi dijiste que son campesinos..." quería decir, pero entiendo que no significa nada. Vuelvo la cabeza y veo que todavía no hay señal de un autobús. "¿Justamente ahora de dónde viniste?" pregunto. El silencio de este lugar resulta que mi voz parece más alta que la quiero, casi como si pudiera oír el echo de mis palabras, o ¿quizás hay otras voces? Pero no veo a nadie. Me pongo más nervioso. El niño dice, "De mi casa de esta semana."

"¿Y quién está en esta casa tuya?"

"Nadie. No vi a nadie allá. Por eso tengo que irme con el autobús," dice el niño, todavía no muestra ninguna emoción ni mirarme.

"Pero cuando llegaste aquí, en esta casa de la semana?"

"La semana pasada."

"¿Y quién te cuidó?"

"La gente del pueblo."

"¿Tus parientes?"

"No, son desconocidos."

"¿Y no quieren cuidarte hoy?"

"No, porque ya no puedo verlos y tampoco pueden verme."

"No entiendo," digo, el corazón late como loco.

"Ayer era el día de mercado, y como otras muchas semanas es el último día de su visibilidad. Después tengo que irme porque ya no somos conectados. No puedo verlos ni tocarlos. Me llaman el 'Gitanito'," lo dice con un poco más emoción. Pero reconozco yo esta palabra, es lo que me llamaron ayer.

Ayer fue el único día en este pueblo que no me aburrió. Por seis días había nada que hacer aquí, donde tenía que medir el nivel de lluvia. Hasta ahora el nivel es cero. Vi a gente que iba y venía como otra gente de cualquier pueblo. Nadie habló conmigo y cuando intenté hablar con una persona él diría poco. Pero un día un comerciante en una manzanería me llamó "Gitano." No me negué nada porque pensé que fue una chiste (¡sobre todo de un hombre que vende solamente una clase de manzanas!).

"¿Por que te llaman 'Gitanito'?" pregunto.

"Por que no tengo casa fija. Viajo cada semana llegando en un nuevo lugar," dice el niño, "rogando que me den comida."

"Siempre te dan comida?" pregunto.

"Sí."

"¿Y la gente ahora?"

"Supongo que está aquí, pero nosotros ya no podemos verlos ni tocarlos, tampoco pueden vernos ni tocarnos. No sé, es lo que supongo."

"¿Cuántas semanas eres este así-llamando 'Gitanito'?", pregunto.

"No sé, no cuento las semanas, pero desde muchas...." dice el niño.

"¿Pero recuerdas a tus padres, no? ¿Son también 'Gitanos'?"

"No sé si es como les llaman. Son muertos pero puedo encontrarlos un día, es lo que me dijo el primer tutor de mi viajes."

"¿Tutor?"

"Sí. Cuando bajo el autobús, me acoge un tutor que me lleva a mi casa de la semana."

"¿Pero dónde está ya?"

"Lo veo solamente esa vez de acogida."

No digo nada más por muchos minutos. Intento entender. Al final, le pregunto, "¿Vas también a la capital? Mi autobús llegará en la capital donde viven mis amigos."

"No sé. Como dije, nunca sé dónde me dejará el autobús; sabré cuando el conductor me entera y bajo el autobús."

Pues añade el niño, "¿Usted va para la capital?"

¡Qué raro recibir la primera pregunta de él! "Sí," digo, "Es donde viven mis amigos. Soy científico de Estados Unidos que estudia...."

Me interrumpe sin emoción, "¡Qué suerte! Un tutor me dijo una vez que los ángeles viven en la capital." Dice de repente con mucha emoción, "¡Mira, el autobús!"

De verdad, sí, un autobús llega casi sin que me dé cuenta. Llega en una nube de polvo, que se parace a una aparición del desierto. Dejo que el niño suba primera. Veo la silueta del conductor. El niño deja unas monedas para la tarifa. Pregunto al niño cuánto es la tarifa, y una voz de la silueta dice, "No se falta para los ángeles. Pase, señor."

Me acuerdo de que cuando cogí el autobús para llegar aquí, el conductor pidió que pase yo cuando lo pregunté cuánto costaría la tarifa. Pensé que fue porque soy un gringo.... ¿Pero un ángel? ¡Qué raro!

A este momento, oigo la lluvia. Pero no soy tentado quedar en este pueblo para medir nada; me siento un raro miedo de quedar aquí.

La segunda vez, y la última vez, que el conductor me habló es, "Siéntese en el primer asiento, por favor." Es muy cómodo, el asiento. Me doy cuenta de los niños en el autobús. Ningún ellos se interesa de mi presencia. Todos parecen perdidos pero no agotados, mirandos la fuera que se está volviendo más oscura, mirandos las ventanas de gotas de lluvia. El sol se ha puesto. Pero la luz débil del interior de autobús permite que vea sus caras. No hay emoción. Aunque cada cara es diferente, todos traen la misma moda de camisa, y la misma moda de pantalón corto para los niños y la misma moda de falda para las niñas. Algunos tienen algo en la cabeza, como George tiene su gorra. Supongo que como George, viajan a su próximo pueblo donde vivirán por una semama y después. ¿Qué esperan? Pongo unas preguntas al conductor, pero el silencio de la oscuridad es mi respuesta. Al final, pregunto a cada niño o niña qué es su nombre, y solamente una pequeña porción es de español. Y hay diferentes razas, blancos, asiáticos, hindúes, negros de diferentes colores, y también indios de Norteamérica. Pero todo habla español perfectamente, y ningún entiende inglés, ni los blancos. Como George, no me miran cuando me contestan una de mis miles preguntas. No hay emoción.

Primera parada. El conductor no anuncia el nombre de la parada. La puerta abre y una voz llega en el interior de la fuera: "Sungita". Una niña hindú se levanta, me pasa, y baja. La sigo para ver a donde va. Es muy oscuro fuera, solamente una bombilla. El hombre es latino, con una sonrisa grande en la luz amarilla. Le dice a Sungita, "Bienvenida, Sungita. Te trataramos muy bien, no te preocupes. No seas tan triste. Creo que pronto te reunirás con tus padres, quienes deben de estar en la capital. Pero si están en uno de nuestros pueblos, estoy seguro que es un pueblo tan hermoso como el nuestro aquí." Y mientras la puerta del autobús cierra, puedo oír las últimas palabras, "De todos modos, una vez que se enteren que estás aquí, estoy seguro que vengan el día de mercado ...." Y la puerta cierra.

Ningún de los niños muestra el menor interés en lo que ha pasado. Están esperando sus paradas.

martes, 20 de enero de 2009

Cambios

¿Qué cambios necesitamos para vivir mejor? Hoy tenemos un nuevo presidente para nuestro país, y él es el símbolo de cambios que queremos para nuestro país que está en una época difícil. La economía, las guerras, y otros problemas nos resultan muy deprimidos. Esta depresión, o al menos falta de esperanza nacional, es la cosa intangible de la que hablaba el nuevo presidente. Me animó mucho cuando dijo eso. Es verdad, en el momento más oscuro es la oportunidad para mostrar nuestra luz. En este momento me siento muy mal. No quiero hacer nada, solamente dejar que las cosas empeoren, que mi vida se vuelva más oscura. Pero después del discurso del nuevo presidente, quiero hacer más. Quiero mostrar esta luz dentro de mí, quiero llenarme de esperanza, quiero decirme que mi vida es de verdad bastante buena y con su energía podría hacer mucho, quizás aun para mi país, mi mundo. No vale la pena estar sentado así y malgastar mi energía en el tiempo. Si no puedo utilizar en este momento mi energía para salvar el mundo, puedo comenzar salvando mi vida, tratarme bien, con el amor que suelo dar a mis amigos. Yo merece este amor mío. Entonces, a partir de este momento, me levanto y me trato lo mejor que merezca yo. Fin de preocupaciones, fin de pensar demasiado, fin de los complicaciones que me doy la mente y el corazón, fin de odio de mi vida, fin de malgastar mi energía para oprimirme.

Ahora acojo el mundo, la vida, con la sonrisa que hasta ahora todavía no me he dado. Tengo tantísimos amigo que me quieren, que me apoyan, no hay falta de amor en mi vida, y es tiempo que mi corazón se da todo el amor que merece.

martes, 13 de enero de 2009

¿Qué quieres tú?

¿Qué queremos? ¿Sabemos que lo que queremos es verdaderamente lo que queremos o solamente lo que una urgencia para rellenar un vacío que viven adentro, como un cáncer, o mejor, como un gemelo que está adentro desde el nacimiento de nuestras vidas y ha estado despaciosamente criado como nosotros, pero adentro. Si no podemos tener lo que queremos, a veces no nos importa y podemos seguir con la vida como lo hemos hecho antes, pero hay deseos que nos siguen a nosotros, nos importunan, como una sombra que vive de la luz de nuestras vidas. Si queremos muchísimo dinero aunque tenemos suficiente comer en la mesa, tantísimo es el deseo que haríamos todo lo posible para obtenerlo, ¿qué exactamente buscamos? ¿Qué exactamente queremos?

Vi una película otro día y una de las personajes principales dijo que deseó tener un novio que le recogería después de su trabajo. Es todo lo que quería, pero era también un símbolo de lo que le faltaba: el amor puro y distinto de lo falso que tenía cada día que trabajó como una prostituta. Y a un punto de la película estuvo allá, en el rincón donde muchos coches pasaban como cualquier día, y uno paró y el conductor, su novio, sonría mientras subió el coche. ¿Pero después? Nada cambió. Cuando esa persona por fin gana el loto y obtiene todo el dinero que nunca ha deseado, ¿qué pasa después? O otra persona a quien le ha faltado un novio o novia, o un noviazgo, un matrimonio, ¿su vida está completamente feliz ahora que ha obtenido lo que siempre ha deseado? Me dudo porque cuando queremos algo con mucha urgencia, cuando no podemos dejar de pensar en este punto, este meta, significa que hay algo más profundo que nos falta. Quizás el amor de alguien, la acogida de los demás, una frustración con nuestro mismo, depende del deseo y de la persona.

Entonces, vale la pena investigar más en estas situaciones. Cuando estas urgencias nos pasan, nos sentimos muy mal, y peor cuando nos avergonzamos de tener estas urgencias. Pero es también una oportunidad investigar lo que nos falta de verdad en nuestra vidas.

domingo, 4 de enero de 2009

Una Peli que Me Acordó de Su Poder

Ayer vi una película con una amiga que no estaba convencida que la peli valdría la pena (ni el dinero), peri se confió de mi opinión, la que era basada de las opiniones de mis amigos.

La peli se llama "Slumdog Millionaire"; se trata de la vida de un joven, Jamal, criado en los barrios bajos de Mumbai, de su infancia hasta el día que estaba por responder a la última pregunta que determinaría si iba a ganar 20 millones de rupees. La película explica cómo este joven de origen humilde podría responder correctamente cada pregunta en un programa, lo que es la versión hindú de "Who Wants to Be a Millionaire" en Inglaterra. La verdadera pregunta de la película es cómo logró llegar en la última pregunta mientras aún los médicos y profesores apenas pueden llegar en una antes. Es una historia muy conmovida sobre sobrevivencia en un mundo increíblemente cruel y injusta contra los niños. Tiene un hermano, y cuando eran solamente niños, los dos se consideran como dos de los tres mosqueteros. Encontraron al tercero cuando en la forma de una niña que es la motivación y animación, y claro, el amor de la vida de Jamal.

Para un joven que ha sobrevivido tantísimas injusticias, crueldades, y otras dificultades de la vida, no perdió confianza en el amor, nunca ha dejado de pensar en esa niña, ese tercer mosquetero, y hizo lo imposible para llegar en el corazón de su amor.

Claro es un cuento de hadas. Pero me acordó del poder de fe en la vida, fe en el amor, fe en el destino. Para Jamal, su destino era ya escrito, y lo entendió, pero entendió también su camino hasta este destino, un camino de luchar para este destino, de no perder nunca la fe. A veces me siento perdido, me siento que mi camino a terminado y estoy sentado en la yerba verde abajo de un sol compasivo, entonces no tengo nada más que hacer, no tengo más camino que pasar. Esta película me acordó que cada uno de nosotros tiene un destino, y si dejamos de verlo, dejamos de vivir de verdad. La luz adentro me diría para dónde debería mirar. Y es tiempo que me levante y me vuelvo a caminar.