jueves, 12 de febrero de 2009

Juntos

Estoy sentado en esta sala bastante grande. Me siento una corriente fría pero no sé si es de fuera o de las aberturas por encima de nosotros. Estoy sentado en una silla bastante dura, no apena cómoda. La música es alta y los estudiantes tratan bailar, formando un círculo alrededor de la pareja de profesores. Parece que enseñan la musicalidad de tango. Muy pronto la música parará para que ellos les expliquen más a los estudiantes que están nerviosos pero parecen divertirse. Sí, todavía estoy sentado aquí, riendo, contando chistes, burlándome de ella y dejar que se burle de mí. Pero estoy consciente de mi propia nervosidad, ansiedad. Tengo miedo constantemente que se aburriría, que sospeche de mi intenciones, que descubra mis sentimientos. Estoy contenta estar con ella, sentado aquí en esta sala un poco fría con la música que va a parar pronto.

Ella no tiene un oler especial. Sus ojos no causan que mi corazón se vuelve loco. Sus sonrisas son normales. Su voz no hace piel de gallina en mí. No quiero tocarla. Si se levanta y me deja, no lloraría, no sufriría yo. Pero no quiero levantarme. Estamos riendo, estamos escuchando una canción sobre un hombre que quiere a una mujer y le promete una casita en las Pampas donde hay rosales y zorzales y una cruz que marca su amor de ellos.

Me está contando sobre donde se halle un restaurante puertorriqueño, describiendo su dirección. La música para de repente aunque todavía no es su final. El profesor quiere clarificar algo. Una vez que la música desaparezca, me siento que nuestro ritmo también desaparece. Ella se calla también, ¿quizás entiende también nuestra conección?

Pero una nueva canción empiece ahora que el profesor haya explicado el problema que tienen los principiantes. Miro en sus ojos morenos como su piel y le pregunto, "¿Te gustaría bailar?"

Conciente. Y con una sonrisa.

Nos levantamos juntos; dejamos nuestros asientos que hasta ahora nos han atamos separadamente. Levanto la mano izquierda, la que ella toma con su derecha. Me acerco de ella y la abrazo; ella pone su otra brazo alrededor mi hombro y su mano toca mi espalda. Su nariz se acerca a mi mejilla derecha, y puedo sentirme su respiración calma, oírla. Ya puedo la huelo; un oler distinto, un oler que la identifica, incluso si cambie su champú o pone perfume. Y como su oler, su cuerpo es también su identificación. Mi brazo derecho toca su espalda completamente, y cada pedazo de mi músculo puede sentirse cada detalle de esta parte de su cuerpo. Ahora somos como dos estatuas, casi como esa obra de Auguste Rodin, pero no estamos besando. Por este medio segundo somos fijados como en una foto, y podría pintarla sabiendo cada detalle de su espalda, de su nariz, de su oler.

Estamos callados, pero la música, un vals, habla para nosotros, nos dirige. El primer paso; mi pierna izquierda avanza mientras la torno su cuerpo con el mío, moviendo también su pierna izquierda, y mientras cada músculo de la pierna, cada movimiento de la cadera, de hombro, cuello, puedo notar cada minúsculo movimiento de su cuerpo, desde los pies hasta la nariz. Y ella ha cerrado los ojos para notar también cada mis movimientos, para notar mis intenciones, para entender a donde quiero que vayamos. Y así empecemos nuestro baile. No hay que enamorarse porque el corazón no tiene que latir todo solo.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.